Los límites hablan de respeto, cuidado, protección, reconocimiento y sí, también de amor.
Foto de Annie Spratt
Casi siempre hablamos de los límites con una connotación negativa: el miedo a ponerlos, la dificultad en cómo hacerlo, la posibilidad del conflicto, sentir el hecho de poner el límite como algo agresivo, o vivir el límite que me ponen como un rechazo.
Todo esto habla de nuestra relación con los límites, de la interpretación y el significado que les estamos dando desde nuestra vivencia. Esta vivencia tiene una historia detrás. Todas hemos tenido un aprendizaje en nuestra infancia sobre los límites y parte del trabajo con ellos será desvelarla y ver cómo se repite en el presente.
¿Pero cómo llevarse bien con los límites cuando los pensamos como una agresión o un conflicto? Hoy te invito a cuestionar esa mirada y a poder verlos desde otro punto de vista. Porque los límites hablan de respeto, auto-cuidado y cuidado, auto-reconocimiento y reconocimiento del otro, y sí, de amor. Aquí van algunas ideas que pueden ayudar a repensarlos de otro modo:
- Los límites en una relación nos proporcionan seguridad y claridad. Son los límites los que nos hacen saber dónde estamos, lo que está permitido y lo que no, lo que nos daña, lo que no se puede traspasar.
- Poner el límite no es atacar ni agredir. Es decirte sí a ti mismx: a tu cuidado emocional, mental, energético y corporal. Cuando pones un límite estás diciendo cómo quieres ser tratadx en la relación.
- Los límites hablan de la confianza que tengo en nuestra relación, en que podrás escucharlos y respetarlos. Me dicen que puedo poner un límite con la seguridad de que podemos permanecer en contacto a través de él sin que eso suponga el final de la relación. En que puedo mostrarme auténtica y honesta sin tener que hacer el paripé o fingir ser “la buena” o “el bueno”, la complaciente o el rol que sea para que no haya un conflicto.
Cuando ponemos un límite estamos buscando un nuevo lugar desde el que relacionarnos con esa persona: uno más coherente con nosotras mismas y más honesto con la otra persona. A veces sentimos vértigo imaginando que la relación será más distante o más fría o que perderá profundidad. Y es probable que durante un tiempo se sienta extraño este nuevo lugar, porque el hábito era otro, porque los espacios que ocupábamos estaban ya muy arraigados…
Todo cambio necesita un tiempo. Aprender nuevos pasos de baile hasta hacerlos tuyos implica practicar hasta sentirte cómodx y espontánea con ellos. Hasta ese momento te sientes encorsetada.
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